martes, 24 de abril de 2018

Varias decenas de refugiados heridos en Lesbos al ser atacados por ultras

Jóvenes de extrema derecha han atacado este domingo con piedras y palos a un grupo de refugiados que protestaba para exigir que se aceleren sus procedimientos de asilo en la plaza principal de Mitilene

La Policía ha desalojado este lunes la plaza por la fuerza y ha llevado uno a uno a los refugiados a autocares que los han trasladado al campo de Moria.

Durante la última semana, los solicitantes de asilo habían celebrado varias protestas y sentadas en el centro, pero todas transcurrieron sin incidentes varias decenas de refugiados han resultado heridos en la noche de este domingo en la isla griega de Lesbos al ser atacados por grupos de extrema derecha durante una protesta para exigir que se aceleren sus procedimientos de asilo, según informan los medios locales.
 
Los refugiados, en su mayoría afganos que llevan meses esperando respuesta a su petición de asilo, se habían congregado desde el mediodía en la plaza principal de Mitilene, la capital de Lesbos.

Al caer la tarde, varios centenares de jóvenes de la ultraderecha los empezaron a insultar y los atacaron con piedras y palos. Los jóvenes violentos lanzaron además bengalas y prendieron fuego a contenedores de basura que empujaron hacia la policía que había formado un cerco en torno a los manifestantes.

Los migrantes se negaron a desalojar la plaza, formaron varios corros para protegerse, en cuyo centro colocaron a mujeres y niños, y se cubrieron con mantas mojadas.

Los ataques fueron escalando y el centro histórico de la ciudad se convirtió en un campo de batalla, según relataron a los medios personas que presenciaron los altercados.

Finalmente, la Policía desalojó la mañana de este lunes la plaza por la fuerza y ha llevado uno a uno a los refugiados a autocares que los han trasladado al campo de Moria, que alberga a más de 6.000 personas, mas del doble de su capacidad.

Durante la última semana, los solicitantes de asilo habían celebrado ya varias protestas y sentadas en el centro, pero todas transcurrieron sin incidentes.

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Ehsan Ullah Khan, luchador contra la esclavitud infantil, presenta la plataforma DIGNItex

Presentación de la plataforma DIGNItex en la Plaza de Fuente Dorada. /A. MINGUEZA 

Que las grandes marcas de textiles explotan humanos, especialmente niños, ya es un secreto a voces. Los datos ofrecidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) son desoladores. Pues resulta que 152 millones de niños están sometidos al trabajo infantil, lo que supone casi uno de cada diez niños en el mundo. En términos absolutos, casi la mitad del trabajo infantil (72 millones) se concentra en África, y 62 millones en Asia y el Pacífico. 

El algodón de una de las camisetas que llega para su venta en la Unión Europea se recoge en Etiopía, la tela se elabora en Pakistán, se cose en China y los botones se ponen en Hong-Kong, «y en todos esos países, hay niños esclavizados trabajando para hacer esa camiseta». Una realidad laboral de la que ha hablado el 21 de abril en Valladolid el pakistaní Ehsan Ullah Khan, un símbolo de la lucha por la esclavitud infantil y el trabajo forzado.

Y es que, detrás de esa blusa, esos vaqueros o esa chaqueta que te acabas de comprar, hay un largo proceso de producción que se desarrolla a miles de kilómetros, en aquellos países menos desarrollados donde los derechos humanos se vulneran cada día. «Tienen a niños trabajando 12 horas diarias y su salario es de 1 euro al día. Les hay que con tan solo tres años ya trabajan en la industria textil», ha relatado Ehsan, quien asegura que el problema se da especialmente en el Sur de Asia, esto es la India, Pakistán y Bangladesh.

«Legislación vinculante»

Desde Suecia, donde vive exiliado desde hace 22 años, Ehsan continúa su lucha. Ahora en España, recorrerá hasta el próximo 10 de mayo varias ciudades españolas para alertar sobre la complicidad de varias multinacionales europeas, muchas de ellas españolas. Y lo hace junto a la presentación de la plataforma DIGNItex, que lucha por el trabajo digno en la industrial textil de todo el mundo.

«El problema es que no existe una legislación vinculante internacional que exija responsabilidades dentro de esta industria», ha reclamado Juan Sabín, miembro de Dignitex, quien ha avisado de la necesidad de los consumidores de alzar la voz. «No debemos consentir que muchas empresas a las que compramos ropa, y que muchas son españolas, no tengan un control sobre los derechos humanos en su cadena de producción».

La plataforma está recogiendo firmas por toda España e impulsa una campaña para exigir a la Comisión Europea que haga efectiva la petición del Parlamento Europeo y ponga en marcha lo antes posible una legislación vinculante que garantice los derechos humanos en la cadena de producción del textil. 

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Solo la mitad de los niños refugiados pueden recibir educación primaria



La Campaña Mundial por la Educación, con motivo de la Semana de Acción Mundial por la Educación (SAME) que se celebra del 23 al 29 de abril, alerta de que en el mundo hay 264 millones de menores de 18 años sin escolarizar, de los cuales, 75 millones viven en 35 países afectados por distintos tipos de crisis.

Los desplazamientos masivos forzosos de población privan a las personas afectadas de muchos de sus derechos, entre ellos el derecho a la educación. Precisamente, esta situación afecta en especial a la infancia y los jóvenes, que constituyen el 51% de la población refugiada del mundo, cifra que, según datos de ACNUR del año 2016, asciende a 65,6 millones de personas.

La mayoría de las personas desplazadas forzadamente buscan refugio dentro de las fronteras de su propio país (40,3 millones), mientras que otras se han acogido a la condición de refugiadas (22,5 millones), de las cuales, 17,25 millones se encuentran bajo la protección de ACNUR y 5,3 millones son personas refugiadas palestinas.
Del total de la infancia refugiada o en situación de desplazamiento interno, solo la mitad va a la escuela primaria y un 25% asiste al primer ciclo de Educación Secundaria. Esta situación no sólo supone una vulneración del derecho a la educación de esos millones de niños, que en muchas ocasiones deben dejar de asistir a la escuela por inseguridad o falta de recursos, sino que impide que la educación cumpla su función como factor de paz y elemento de protección frente a los agravios, la pobreza y la injusticia.
La Semana de Acción Mundial por la Educación se celebra en más de 120 países para exigir a los gobiernos que garanticen el refugio y el acceso a la educación en contextos de emergencia, y que promuevan una cultura y paz y de acogida en las aulas.

La Campaña Mundial por la Educación (CME) asegura que en España la educación es fundamental para que los niños y jóvenes sean conscientes de las realidades que vive la infancia en contextos de conflicto y en situación de desplazamiento, y de lo que supone para estas personas y sus sociedades verse privadas del derecho a la educación. El objetivo es generar climas de convivencia positiva, tolerancia y respeto a la diversidad en las comunidades educativas de acogida.

Además, destaca la importancia de la educación para que los niños reconozcan y eviten actitudes como el racismo y la xenofobia y reconozcan el valor de la diversidad, mediante la comprensión y el conocimiento.

Con motivo de la celebración de la Semana de Acción Mundial por la Educación, la organización propone proteger y hacer efectivo el derecho a la educación de todos los niños que se encuentran en países afectados por conflictos armados o catástrofes naturales; garantizar que la educación en contextos de conflictos armados sea de calidad; poner en valor el papel de la educación en la construcción de sociedades inclusivas en los países de acogida; y abogar por un sistema de acogida de refugiados que cumpla con la dignidad humana y los derechos humanos.

La CME es una coalición internacional presente en más de 124 países, formada por ONG, sindicatos del entorno educativo, centros escolares y movimientos sociales de muy diverso signo que nos movilizamos para reclamar el cumplimiento íntegro de los compromisos internacionales firmados por los Estados y la comunidad internacional para garantizar el acceso a una educación de calidad gratuita, equitativa e inclusiva para todas las personas del mundo. La Coalición Española de la Campaña Mundial por la Educación está formada por Ayuda en Acción, Educo y Entreculturas, que asume la coordinación de la misma.
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Bullying es más intenso en secundaria

Campaña "No te Calles,cuenta conmigo" en las Calles de Valladolid

Nos alegramos de que la campaña contra el acoso escolar por orientación sexual o identidad de género "No te calles, cuentas conmigo" se puede ver por las calles de Valladolid
Ayuda a la victima si eres testigo, no lo silencies¡¡
Podemos ayudarte¡¡

 No hay texto alternativo automático disponible.

jueves, 19 de abril de 2018

Formación del profesorado

La formación del profesorado es fundamental para prevenir y sensibilizar al alumnado en valores de #Tolerancia, así como detectar las distintas formas de intolerancia que puedan darse en un centro educativo y dar una respuesta idónea ante los incidentes de odio o discurso de odio.

Seguimos impartiendo nuestras sesiones de formación en el CFIE de Valladolid, a los que les damos las gracias por su excelente acogida @cfievalladolid

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Reflexión obligada sobre el aludido constante al Racismo Institucional

Es el tópico recurrente que estuvo detrás de los disturbios del 15 de marzo en Lavapiés por la muerte del senegalés Mmame Mbayeo, así como tras la incautación, dos días después, del barco de la oenegé Proactiva Open Arms en Sicilia y la detención de sus activistas. Como es también la falacia que en noviembre de 2017 estuvo tras la campaña que la peña de Podemos organizó en torno al vigésimo quinto aniversario del asesinato de la dominicana Lucrecia Pérez a manos de un grupo neonazi.

En las tres ocasiones, el populismo de izquierda ha tratado de imponer la tesis de que estamos ante víctimas de un «racismo institucional». Y la facilidad con la que ésta ha prendido sólo cabe explicarse por un síndrome de inmunodeficiencia adquirida o congénita que padeciera nuestra democracia. Da igual que el mantero de Senegal muriera de un infarto y que los agentes de la Policía Municipal hicieran lo que estaba a su alcance por reanimarlo. 

Da igual que esa oenegé de Badalona haya sido interceptada por las autoridades italianas no por acudir en rescate de una patera procedente de Libia sino por favorecer la inmigración ilegal. Hasta el ministro Dastis, tan reacio a incomodar a Alemania por el caso Puigdemont, no tuvo reparos en incomodar a Italia jugando al buenismo de manual cuando declaró que «salvar vidas no es delito». Da igual, en fin, que los asesinos de Lucrecia Pérez fueran juzgados y condenados, así como que su caso sirviera para reconocer el primer delito de odio racista en España. La tesis de que en nuestro país existe y en la UE un «racismo institucional» -esto es «amparado estatalmente en sus mismas estructuras»- se impone como un sobreentendido; como eso que llaman «la posverdad»; como un lugar común que sobreviviera a su propio desmentido.


Se socava, así, día tras día, la propia legitimidad ética del proyecto europeo. Se le niegan sus logros sociales al lugar del planeta donde más han prendido los ideales humanitarios. La gran paradoja reside en que, en los tres ejemplos citados en los que ese imaginario «racismo institucional» habría mostrado su despiadado rostro, la culpable sería la propia izquierda y sus cargos electos, que a su vez son los titulares de las instituciones supuestamente racistas en todos esos casos. 

Se ha dicho que el concejal madrileño de Seguridad debería dimitir por propagar el bulo del homicidio del mantero. Pero es que también debería dimitir en caso de que su versión hubiera sido la correcta y por eso mismo: porque no habría otros responsables máximos de esa muerte que dicho edil o la propia alcaldesa, que son quienes ejercen el control directo de la Policía Municipal en Madrid. 

En el caso de la actuación italiana contra los activistas de Open Arms, nos encontramos con que el partido que hoy está gobernando ese país, y que ampararía ese desalmado «racismo institucional», no es el de Berlusconi sino el de Gentiloni, de conocida orientación socialdemócrata. Finalmente, en la España de 1992, en la que se produjo el asesinato de Lucrecia Pérez, los que gobernaban eran los socialistas. ¿Encarnaba Felipe González un «racismo institucional» capaz de amparar a los grupos neonazis?

Lo que esta paradoja demuestra es que la impostura populista no tiene escrúpulos en deslegitimar toda institución de un país democrático, incluso a aquellas que están en manos progresistas o bajo su propio control. La explicación está en que no sólo actúa contra la derecha sino contra el sistema. No le importa ponerse en una situación en la que tendría que dar cuenta de las lacras que denuncia. Para ese populismo, los policías y los jueces siempre son culpables aunque pertenezcan al ámbito geopolítico más garantista del Globo. Y, así, los «munipas» de la capital de España son comparables a las fuerzas armadas de la Sudáfrica del Apartheid donde el «racismo institucional» no era una fantasía demagógica ni una licencia literaria.

Como el objetivo en los tres casos mencionados no es la protección de la inmigración sino el cuestionamiento del sistema, el medio para lograrlo es la desestabilización. Aquí no se aspira a un ideal de justicia social, en cuyo caso se valorarían los logros efectivos de la política migratoria de un país que los datos del Eurobarómetro acaban de reconocer como el primero de la Unión Europea en la socialización del inmigrante

Se niega cualquier avance en ese terreno, lo mismo que siempre se han negado, desde el marxismo, todas las conquistas «burguesas» de la Ilustración. Heredero de esa tradición revolucionaria, el populismo postmarxista desdeña todo paso en la justicia social mientras se dé en el marco de la economía de mercado. Como desdeña, en nombre de una utopía que reclama la muerte del capitalismo, todos los progresos reales en el reconocimiento de los derechos de la mujer que provengan de otro feminismo que no sea el radical. Su actitud es la de los nacionalistas periféricos que, en aras de la secesión, menosprecian la descentralización del Estado autonómico. 

Estos paralelismos hacen preciso entender que las complicidades de ese populismo con los independentismos catalán y vasco van más lejos de la coincidencia en una misma estrategia y se adentran en el terreno de las afinidades. El «racismo institucional» y el «Estado opresor» son ficciones de la misma naturaleza que les sirven para justificar su radicalidad. Los vasos comunicantes que hay entre el populismo izquierdista y el independentista son tan obvios que el amago de «borrokización de Lavapiés» ha coincidido en el tiempo con la «borrokización del procés» a manos de los vandálicos Comités de Defensa de la República. Y, del mismo modo que niegan el carácter democrático del régimen español del 78, refutan el de cualquier país socio de la Unión Europea cuando les conviene. De pronto, unos oenegeros de los que nos cuesta retener los nombres tienen más credibilidad que el Estado italiano.
La tesis, la superstición, la ficción del racismo institucional no se puede pasar por alto porque conlleva una seria impugnación a nuestro sistema de libertades y constituye una permanente fuente de conflicto. La «borrokización» que sufrió Lavapiés en la jornada del 15 de marzo no fue un hecho casual y espontáneo. Fue el ensayo general de un proyecto que consiste en convertir ese barrio multiétnico y colorista en lo que fueron durante lustros los cascos antiguos de Bilbao, Vitoria y San Sebastián. 

Frente a ese programa incivil, hay otro discurso social, antitético y respetuoso con la Ley que no es el del conformismo. En la misma calle Mesón de Paredes donde vivía Mmame Mbayeo, junto a la plaza Nelson Mandela, está la sede del Movimiento contra la Intolerancia, que nació hace un cuarto de siglo precisamente con motivo del asesinato de Lucrecia Pérez y en el que milita su hija Kenia. Su presidente, Esteban Ibarra, que nació en esa misma calle -a diferencia de quienes fueron a ella el 15-M para incendiarla- ha sido el primero en denunciar ese proyecto del «populismo borroka» y lleva toda la vida haciendo pedagogía democrática por la integración de la inmigración. Su discurso es la antítesis de los clásicos guiños que lanza a ETA el populismo antisistema. Lo conocí hace dos décadas por su implicación en la lucha cívica contra la banda terrorista y jugó un papel esencial en las movilizaciones que hubo en todo el país por Miguel Ángel Blanco
No es raro que hoy reciba amenazas de muerte en las redes sociales. Su delito es estar convencido de que al racismo se le combate con las instituciones democráticas, no contra ellas.

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